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OPINIÓN

29 de abril de 2020

CARTAS ORGÁNICAS Y EL VOLUNTARIADO

Para lograr una Democracia cada vez mas participativa, el trabajo voluntario tiene un rol muy importante, donde la gratificación no es para yo, sino para nosotros como comunidad. Por Alejandro Rojo Vivot

FOTO: ARV. LEÓN TOLSTOI. CUENTOS. BRUGUERA. BARCELONA, ESPAÑA. JULIO DE 1980

 

“El secreto de la felicidad no es hacer siempre lo que se quiere sino querer siempre lo que se hace”.

 

Lev Nikoláievich Tolstói (1828-1910) [1]

 

La democracia cotidiana es una construcción donde todos los integrantes de cada comunidad, de alguna manera o de otra, participan activamente, ya sea individualmente, en asociaciones institucionalizadas, en grupos autoconvocados, etcétera.

Con respecto a las labores, los niveles e intensidad varían en cada caso y nunca es estático, valorando cumplir los compromisos asumidos como voluntarios.

Una de las alternativas es ejecutando acciones referidas a competencias públicas: “Los vecinos pueden solicitar al Municipio la realización de una determinada actividad de competencia e interés público municipal, a cuyo fin aportan medios económicos, bienes, derechos o trabajos personales”. [2]

El concepto voluntario nos remite a la decisión propia y que cada uno fija sus propios objetivos, metas y límites con plena autonomía; por ejemplo: lectura a enfermos postrados, los sábados de 16:00 horas a 18:00 horas; grupo de vecinos organizados para, en un día feriado, recolectar basura desperdigada a la vera de una laguna urbana, etcétera.

El trabajo voluntario implica que no existe remuneración alguna ni, por ejemplo, expectativas distintas al cometido específico, relación de dependencia de ningún tipo, acabando en sí mismo como un círculo virtuoso que cabalmente se cierra exitosamente.

Con frecuencia es una tarea silenciosa, que produce satisfacción y que la gratificación consiste en lo realizado en sí mismo; con frecuencia el voluntario también recibe mucho al entregar tiempo, algún esfuerzo físico, conocimientos, etcétera.

 

La mirada a través de lágrimas de emoción, de una mujer aborigen, en la Cordillera de los Andes, a su joven capacitador cuando pudo escribir su primera palabra en un rústico papel, consolidó por más de 50 años la férrea vocación de un voluntario.

 

Recordemos que meritorio es una instancia absolutamente distinta en cuanto a lo económico, proyección, motivación, etcétera.

El voluntariado también es una excelente alternativa que favorece la integración social donde la diversidad es un valor puesto en práctica, equiparando oportunidades, pues el resultado es el del conjunto como, por ejemplo, cien ciudadanos un domingo a la mañana plantan cien árboles y arbustos en un espacio público.

Tengamos presente que la diversidad es una valiosa característica del ser humano. Dentro de lo necesario y pertinente, cada uno realizará lo que pueda complementando al conjunto; el nosotros reemplaza al yo. Aquí la inteligencia radica en el respeto a la condición humana y a las sinergias que sean capaces de generar, donde la competencia es alcanzar únicamente entre todos el resultado buscado.

A veces, serán aportes importantes dado algunas circunstancias como, por caso, el acompañar a una persona mayor a realizar un trámite, distribuir información para acrecentar la conciencia sobre la importancia de la naturaleza y los factores de riesgo en tal sentido, docentes complementando la intervención familiar en su desempeño con respecto a sus miembros escolarizados, mejorando notablemente su rendimiento y favoreciendo la disminución de las altas tasas de repitencia, sobre edad y abandono temprano.

Imaginemos que en una ciudad mediana, a 1.000 profesionales, técnicos, docentes y estudiantes avanzados aportando una hora semanal de promedio como trabajo voluntario en organizaciones sociales, individuos con alguna necesidad, etcétera, y que se crearan bancos de asesoramiento informático para disminuir la aún significativa brecha sobre todo en personas de la tercera edad; abogados y escribanos orientando competentemente a entusiastas atinentes a las cuestiones ambientales sumando a los procesos de resguardo de la naturaleza, etcétera. El impacto de 50.000 horas de voluntariado por año será significativo.

La multiplicidad de posibilidades es enorme y riquísima en sus efectos.

Desde luego que desdeñando toda cuestión proselitista de cualquier tipo, en relaciones transparentes sin ningún sentido oculto; la militancia de causa (religiosa, partidaria, etcétera) posee sus propias instancias claramente identificadas.

Pronto se podrían observar avances notables en la consolidación democrática, en encausamiento o evitación de conflictos, mayor autonomía individual y grupal, mejor y expandida calidad de vida, etcétera, y una enorme satisfacción de los involucrados.

A manera de síntesis, transcribimos lo expresado por la Premio Nobel de la Paz (1979) Agnes Gonxha Bojaxhiu (Madre Teresa de Calcuta) (1910-1997): “A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara esa gota”.

 

[1] Célebre escritor ruso, cuya obra “El reino de Dios está en vosotros” (1894), al principio censurado en su país, fue iniciadora de la no violencia que influyó notablemente en, por ejemplo, Mohandas Karamchand Gandhi (1869-1948).

[2] Convención Constituyente. Carta Orgánica. Artículo 260°. Ushuaia, Provincia de Tierra del Fuego, Argentina. 28 de marzo de 2002.

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