Martes 20 de Abril de 2021

OPINIÓN

31 de enero de 2016

Apuntes Ciudadanos: Humor, Política y Afines X

Las legislaturas son reconocidas como la casa del pueblo por la diversidad de sus componentes. En esta oportunidad Alejandro Rojo Vivot nos cuenta que existen registros documentales donde el humor se ocupó de la labor de los parlamentos.

Foto: A. Rojo Vivot Tapa revista Caras y Caretas (Este semanario se caracterizó por la sátira política, humor y temas de actualidad). 19 de abril de 1924

 

“En el doble sentido no contiene el chiste más que una palabra susceptible de una múltiple interpretación, que permite al oyente hallar el paso de un pensamiento a otro, paso que –siempre un tanto forzadamente- puede hacerse equivaler a un desplazamiento. Mas en el chiste por desplazamiento contiene el chiste mismo un proceso mental en el que aquél se ha llevado a cabo”. [1]

 

Sigmund Freud (1856-1939)

 

Las legislaturas locales, provinciales o estaduales, nacionales y las internacionales, frecuentemente son reconocidas como la casa del pueblo, en clara alusión a la diversidad de sus integrantes y la tan necesaria construcción entre las mayorías y minorías.

Con alguna frecuencia el mandato popular está opacado prevaleciendo otros intereses como los corporativos, la obediencia debida, los oficialismos acríticos, las oposiciones meramente obstruccionistas, los que viven económicamente del poder generado por un partido político, etcétera. Desde luego, muchos trabajan coherentemente con sus promesas electorales, las opiniones fundadas sólidamente, rindiendo cuentas públicas, etcétera.

Desde que existen registros documentales, el humor se ocupó particularmente de observar con aguda atención la labor de los parlamentos como, por ejemplo: uno de los creadores del teatro humorístico, el genial griego Aristófanes (444 a.C.-385 a.C.).

Luego de dos largos milenios, posiblemente algunas cuestiones cambiaron en el siglo XXI…

 

Aquel legislador ideológicamente lábil, en su primer período impulsó el progreso… personal y amasó una enorme fortuna, cuando lo reeligieron fue conservador manteniéndose con moderado crecimiento y en el tercero fue de centro para resguardarse de los fuertes vientos propios de los extremos. Sí se pudo comprobar que a la tumba nada se llevó.

Aquel legislador era conocido como el saltimbanqui, pues dejaba de respetar el mandato popular pidiendo licencia para asumir otros cargos, sin que el cuerpo electoral fuera consultado previamente.

Aquel legislador obeso cobraba puntualmente su dieta aunque nunca bajó de peso.

Aquel legislador propuso celebrar, el día menos pensado, el Día del Parlamentario.

Aquel legislador exitoso en extremo era un nato negociador político pero tenía sus límites: nunca traicionó a su madre muy anciana.

Aquel legislador ejercía cabalmente aquello de que todos somos iguales ante la ley salvo para los que los fueros parlamentarios los hace distintos.

Aquel legislador corrupto era casi pobre según sus obligatorias declaraciones juradas de bienes mientras su joven yerno era multimillonario.

Aquel legislador tenía un frondoso pasado muy sucio que lo mantenía impolutamente lavado con sus fueros parlamentarios.

Aquel legislador era un cabal viajero frecuente y un casi ausente permanente en las sesiones.

Aquel legislador, muy perspicaz, cuando falleció no perdió tiempo intentando ingresar al Cielo yendo directamente al Infierno y no se equivocó.

Aquel legislador siempre vivió con lo justo: la excepción confirma la regla.

Aquel legislador haragán cuando no sabía qué Proyecto presentar comenzaba a levantarse muy temprano por lo que: al que madruga Dios lo ayuda.

Aquel legislador en los plenarios siempre exponía con mucha convicción sobre todo cuando sus planteos eran endebles o contradictorios.

Aquel legislador estaba convencido de que las promesas electorales son un buen camino para llegar y malo para permanecer.

Aquel legislador nunca pudo explicarles a sus hijos como logró hacer una enorme fortuna con sus dietas durante tres períodos, pero ninguno se hizo problemas mientras disfrutaban de una buena vida.

 

 

[1] Freud, Sigmund. El chiste y su relación con lo inconsciente. Biblioteca Nueva. Tercera edición. Página 1056. Madrid, España. 1973.

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