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OPINIÓN

28 de mayo de 2017

APUNTES CIUDADANOS: Billy Bud, Marinero

Nueva entrega semanal de una columna de opinión, a cargo de Alejandro Rojo Vivot. HUMOR, POLÍTICA Y AFINES LXXIV

 

Por Alejandro Rojo Vivot [1]

“Dotados en nuestra niñez de enérgica disposición a la hostilidad, la cultura personal nos enseña después que es indigno el insulto. Desde que hemos tenido que renunciar a la expresión de la hostilidad por medio de la acción –impedidos de ello por un tercero desapasionado, en cuyo interés se halla la conservación de la seguridad personal- hemos desarrollado, del mismo modo que en la agresión sexual, una nueva técnica del insulto que tiende a hacernos de dicha tercera persona desapasionada un aliado contra nuestro enemigo. Presentando a este último como insignificante, despreciable y cómico, nos proporcionamos indirectamente el placer de su derrota, de la que testimonia la tercera persona, que no ha realizado ningún esfuerzo con sus risas”. [2]

Sigmund Freud (1856-1939)


 

Con frecuencia los narradores de ficción incluyen denuncias y opiniones referidas a decisiones políticas y, por caso, a costumbres arraigadas socialmente. A veces, con particular inteligencia, se expresan con ironía reforzando cabalmente su cometido.

En ese sentido el célebre y profuso autor Hermann Melville (1819-1891) ampliamente nos adentra en la historia, entreteniendo a generaciones y generaciones hasta la actualidad, siendo posible que aun los que han leído unos pocos libros uno sea de este escritor.

Con respecto al derecho al reclutamiento compulsivo por parte de la Armada inglesa y las nulas oportunidades a negarse al mismo por parte de la población, apuntó: “Con seguridad, la acción de Billy era un terrible quebranto del decoro naval. Pero no le habían instruido nunca en ese decoro; en consideración a lo cual, el teniente no habría sido tan enérgico en su reprimenda, de no ser por el adiós final al barco. [3] Este, más bien lo tomó como para denotar una salida encubierta por parte del nuevo recluta, una alusión astuta al reclutamiento general y al suyo en especial. Y, sin embargo, más probablemente, si era sátira, en efecto, difícilmente era intencionada, pues Billy, aunque dotado felizmente de la alegría de la buena salud, juventud y corazón libre, no era en absoluto de temperamento satírico. Le faltaban igualmente la voluntad y la siniestra destreza para ello. Ocuparse de dobles sentidos e insinuaciones de cualquier clase, era totalmente extraño a su naturaleza. (…)

Sí, Billy Budd era expósito, un bastardo, al parecer, y evidentemente, nada innoble. Su noble origen era tan evidente en él como en un caballo de pura sangre.

Por lo demás, aun con poca o ninguna agudeza de facultades, ni resto alguno de la sabiduría de la serpiente, y sin ser tampoco una paloma, poseía este tipo y grado de inteligencia que va unida a la rectitud no convencional de una criatura humana sana, alguien a quien todavía no se le ha ofrecido la manzana discutible del conocimiento. Era analfabeto, no sabía leer, pero sabía cantar, y, como ruiseñor analfabeto, a veces era compositor de su propio canto. (…)

Su sencilla naturaleza permanecía sin sofisticaciones con las oblicuidades morales que no siempre son incompatibles con esa cosa manufacturable que se llama respetabilidad”. [4]

 

[1] “Seminario Taller Salud Mental y Problemática Educativa en Escuelas Comunes y Especiales”. General José de San Martín, Provincia de Chaco, Argentina. Expositor. (1990).

[2] Freud, Sigmund. El chiste y su relación con lo inconsciente. Biblioteca Nueva. Tercera edición. Tomo I. Página 1085. Madrid, España. 1973.

[3] Se refiere al saludo enfático que efectuó el personaje al paso de una embarcación bautizada como “Derechos del Hombre”, siendo una genial ironía.

[4] Melville, Herman. Billy Bud, marinero. Biblioteca Página 12. Páginas 13, 15 y 16. Buenos Aires, Argentina. Sin fecha de edición.

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