Domingo 1 de Agosto de 2021

OPINIÓN

9 de julio de 2017

APUNTES CIUDADANOS: LA REALIDAD EN FICCIÓN

La columna número 99 de Alejandro Rojo Vivot (1) en Ahora Calafate. HUMOR, POLÍTICA Y AFINES LXXVIII

“Las técnicas de contrasentido del chiste corresponden a una fuente de placer. Recordemos ahora únicamente que este placer surge del ahorro de gasto psíquico y de la liberación de la coerción de la crítica”. [2]

Sigmund Freud (1856-1939)


Fácil de confundir entre una novela y una crónica peridística:

“Quería excluir al hijo del proceso en el cual el juez sustituto, un canalla, lo había envuelto en calidad de cómplice y en posición ridícula; es aquel candidato a la vacante de juez en Cajazeiras que fue postergado en beneficio de Eustaquio, precisamente a pedido de Emiliano, ¿te acuerdas, primo? Ahora se venga en el pobre muchacho, el desalmado, exige que el fiscal incluya a Daniel en la acusación junto con la prostituta. (...)

De rabia y envidia se hizo honesto, carga incómoda, capital que rinde poco interés. Le tenía miedo y odio al doctor Emiliano, lo responsabilizaba de la larga temporada en que había tenido que marcar el paso como pretor miserable, candidato a juez en Cajazeiras do Norte, donde su esposa había heredado unas tierras y abundante ganado y lo había postergado por un abogado de la capital cuyo único título era el de marido cornudo de una parienta de los Guedes. Ya había sido nombrado el doctor Pío cuando intervino Emiliano obteniendo la nominación del cornudo. Tiempo después y con mucho trabajo, había conseguido su promoción a juez sirviendo en la comarca de Barracao, municipio cercano, pero su meta continuaba siendo Cajazeiras do Norte, de donde podría administrar la pequeña fazenda, volviéndola lucrativa fuente rentística, ampliándola quizá. Cuando lo llamaron para sustituir al doctor Eustaquio en el discutido proceso pensó que había llegado la dulce hora de la venganza: para su gusto, Daniel debería ser el acusado principal y no un cómplice, pero lamentablemente, dura lex sed lex, quien levantó el cuchillo fue la muchacha. (...)

-El doctor Lulú Santos le trajo un recado mío, ¿no lo recibió?

-Sí, el doctor Santos estuvo conmigo y yo lo atendí y ordené inmediatamente la libertad de la menor mantenida presa por el comisario. Actuamos dentro de nuestra responsabilidad.

-Pero, ¿acaso no le dio el recado completo? Le mandé decir que archivara el proceso. ¿Ya lo archivó, juez?

-¿Archivar? Imposible. Se trata de un crimen cometido contra una persona importante de esta comarca...

-¿Importante? Un granuja. ¿Imposible, por qué? Está envuelto en el proceso un joven estudiante, pariente mío, hijo del juez Gomez Neto, dicen que usted quiere hacerlo acusar.

-En calidad de cómplice... –baja la voz- ... si bien, a mi modo de ver, es más que eso, es el coautor del delito.

-Aunque soy bachiller en derecho, no vengo aquí en calidad de abogado, ni tengo tiempo para perder. Óigame, doctor, usted debe saber quién manda en esta tierra, ya que tuvo la prueba antes. Me dijeron que todavía desea ser juez de Cajazeiras do Norte. Está en sus manos. Yo creo que Lulú no le dio mi recado completo. Escriba ahora mismo la sentencia archivando el asunto. Le bastan dos líneas. Si lo molesta la conciencia, entonces yo le aconsejo que se vuelva para Barracao cuanto antes, dejando el resto del proceso para el juez que yo elija. Está en sus manos, decídase.

-Es un crimen grave...

-No me haga perder más tiempo, ya sé que el crimen es grave y por eso es que le ofrezco el puesto de juez de derecho en Cajazeiras. Decídase, no me haga perder el tiempo y la cabeza. –Golpea con el rebenque sus piernas.

El doctor Pío Alvez se yergue lentamente y va en busca de los autos. Nada gana con oponerse, si no lo hace lo mandarán a Barracao y otro firmará el archivamiento ganándose los favores del doctor. (...)

Además, ¿qué importancia tiene archivar un proceso más en la región? Ninguna, está claro. El doctor Pío aprendió historia universal en la lectura de Zevaco y Dumas, París vale una misa. ¿Y Cajazeiras do Norte no vale por lo menos una sentencia?

Cuando termina de escribir, con letra menuda, su escritura lenta, sus latines, levanta los ojos hacia el doctor que permanece junto a la ventana y sonríe:

-Lo hago en atención a usted y su familia.

-Muchas gracias y felicitaciones, señor juez de Cajazeiras do Norte.

Emiliano se acerca al escritorio, toma los autos y los hojea. (...) Deja los papeles sobre la mesa, se da vuelta y ya sale:

Cuente con su nombramiento, señor juez, pero no se olvide de que todo lo que pasa en esta región me interesa”. [3]

 

[1] Expositor en el Curso “Los prejuicios sobre la pobreza en la escuela primaria”. Escuela N°16. Ushuaia, Provincia de Tierra del Fuego, Argentina. (1999).

[2] Freud, Sigmund. El chiste y su relación con lo inconsciente. Biblioteca Nueva. Tercera edición. Tomo I. Página 1100. Madrid, España.

[3] Amado, Jorge. Teresa Batista cansada de guerra. Editorial Losada. Quinta edición. Páginas 287, 290, 291 y 292. Editorial Losada. Buenos Aires, Argentina. 10 de octubre de 1974.

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