Domingo 1 de Agosto de 2021

OPINIÓN

16 de julio de 2017

APUNTES CIUDADANOS: LA SÁTIRA

La columna de opinión Nº100 de Alejandro Rojo Vivor para Ahora Calafate, cumpliendo además dos años de valiosa colaboración.HUMOR, POLÍTICA Y AFINES LXXIX

 

Por Alejandro Rojo Vivot [1]


 

“Quizá algún lector se haya formado la idea de que los chistes inocentes son generalmente verbales, mientras que la complicada técnica de los chistes intelectuales es puesta casi siempre al servicio de marcadas tendencias”. [2]

Sigmund Freud (1856-1939)


La sátira no es el femenino de sátiro, ni nada parecido, recordando que este último es un personaje masculino de la mitología griega que lo ubicaba deambulando por zonas rurales y, con cierta frecuencia, se le atribuía acciones sexuales violentas excusando así a algunos mortales. [3]

En los últimos tiempos han vuelto a resurgir para explicar que, a veces, los apetitos sexuales son irrefrenables justificando así correrías inclusive de altos mandatarios y funcionarios gubernamentales. [4]

La sátira es un género literario en verso o en prosa practicado desde la antigua Grecia y Roma que, en forma burlesca o abiertamente ácida, busca resaltar aspectos moralizantes o la crítica certera a costumbres en general, conductas de algunos hombres y mujeres públicos, etcétera.

El creador fue el prolífero escritor Cayo Lucilio (147 a.C.-102 a.C.), [5] que se ocupó, muy particularmente, de señalar abiertamente la profunda corrupción ejercida con los recursos puestos al servicio de todos, sobre todo mediante el accionar del senador Lucio Cornelio Léntulo Lupo fallecido en 120 a.C.

Aulo Persio Flaco, (34 d.C.–62 d.C.) se destacó por sus certeros señalamientos a lo peor de la política sangrienta y tiránica de Nerón Claudio César Augusto Germánico (37-68), mediante sus seis sátiras, denostando, por ejemplo, la censura tan generalizada.

Décimo Junio Juvenal (60-128), con sus 16 sátiras, difundió con maestría sus comentarios críticos a la política de su época.

Con referencia a los influyentes en la vida pública de Canopo y del senador Rufrio Crispino, fallecido en el 66, apuntó “difícil es no escribir sátiras”.

También alerta a los representantes de la plebe y de las tribus: “Aguarden, pues, los tribunos; venzan las riquezas; y no ceda el paso a una sagrada magistratura el que llegó hace poco a esta ciudad con los pies blanqueados, [6] puesto que entre nosotros es la más sagrada la majestad de las riquezas, si bien el funesto dinero no habita en un templo y aún no hemos regido los altares de las monedas”. [7]

El prolífero pensador Geert Geertsen (Erasmo de Róterdam) [8] (1466-1536), de actual vigencia, apuntó haciendo referencia a los genuflexos aplaudidores, al desdeñable pensamiento único y a todo sesgo autoritario, [9] contemporáneo: “No es posible pasar en silencio a los cortesanos; nada hay más servil, más rastrero, más necio y más despreciable que ellos, que se tienen por lo primeros entre todos. Solamente en una cosa son modestos: se contentan con vestirse de oro, de joyas y púrpura, que representan la sabiduría y la virtud, dejando a los demás poner en práctica estas cualidades”. [10]

 

[1] Expositor en el Taller “Elaboración de Proyectos”. Red Uruguaya de Ciudades Justas, Democráticas y Sustentables. Fundación Avina. 8 horas. Montevideo, Uruguay. (2011).

[2] Freud, Sigmund. El chiste y su relación con lo inconsciente. Biblioteca Nueva. Tercera edición. Página 1077. Madrid, España. 1973.

[3] Trauco en Chiloé, Chile y pombero en la mitología guaraní.

[4] Satiromanía o ninfomanía.

[5] Autor de 30 volúmenes de sátiras (Saturae).

[6] Distintivo de los esclavos de sus respectivos dueños.

[7] Juvenal. Décimo Junio. Sátiras. Universidad Nacional Autónoma de México. Segunda edición. Páginas 1 y 4. México, México 1984.

[8] El filósofo se mencionaba así mismo como Desiderius Erasmus Roterodamus. Sacerdote hijo bastardo de otro clérigo y una mujer que lo servía domésticamente; cuestión que le afectó muy significativamente en lo personal.

[9] Incluyendo la concentrada forma de gobierno de la Iglesia Católica.

[10] Rotterdam, Erasmo de. El elogio de la locura. Edicomunicación. Página 125. Barcelona, España. 1998.

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