Jueves 13 de Mayo de 2021

OPINIÓN

8 de octubre de 2017

Apuntes Ciudadanos: DEMOCRACIA INTERNA

Alejandro Rojo Vivot (1) en esta oportunidad nos habla del humor sutil, que como la política tiene aplaudidores y aquellas personas que se acercan y dice que esta todo bien lo que hace el politico de turno. HUMOR, POLÍTICA Y AFINES XC

FOTO: ARV TAPA REVISTA CARAS Y CARETAS, BUENOS AIRES 21 DE AGOSTO DE 1937

 

“Queremos investigar ahora si es este mismo el papel que el chiste desempeña al servicio de una tendencia hostil. Desde un principio tropezamos con las mismas condiciones. Los impulsos hostiles contra nuestros semejantes sucumben desde nuestra niñez individual, como desde la época infantil de la civilización humana, a iguales limitaciones y a la misma represión progresiva que nuestros impulsos sexuales. No hemos llegado todavía a amar a nuestros enemigos ni ofrecerles la mejilla izquierda cuando nos han golpeado la derecha”. [2]

 

Sigmund Freud (1856-1939)

 

Una forma de ejercer el humor sutil es aparentar displicencia, es decir expresarnos seriamente siendo conscientes del engaño, de lo contradictorio, lo ridículo, etcétera.

En esos casos es necesaria una particular alianza entre las partes que intervienen en el juego; el soslayar lo evidente es lo que genera el hecho humorístico. Quizá como el payaso que intenta limpiar un piso, que el mismo ensució, y que sufre peripecias por las cuales el público ríe mientras él continúa como si nada.

En política, a veces priman los aplaudidores, los obsecuentes, etcétera, pero también, en muchos casos, el análisis crítico busca construir consensos y acuerdos que enriquecen los procesos democráticos.

“¡Qué falta de resignación política, qué carencia de sumisión y de respeto demuestran a los designios superiores de la experiencia! ¡Un partido! Un partido es una colectividad cuya primera condición de vida es la obediencia. Y no hay nada más hermoso, nada más eficaz, nada más eficiente, que ver esa gran máquina humana movida por una sola voluntad que hace el sacrificio de su raciocinio en nombre de sus grandes ideas políticas. Ayer nomás lo hemos visto; treinta mil, cuarenta mil almas, cuarenta mil seres racionales, ocupando diez cuadras de la calle Florida, aplaudiendo a una voz, vivando un nombre, obedeciendo una orden; padres, madres, hijos e hijas, ancianos y viejos lanzados al mar de las pasiones electorales por una sola voz, riendo a una señal, llorando a otra de entusiasmo, marchando en procesión y vivando simultáneamente el adorable nombre de su divino jefe. ¡Eso es partido!

-¡Viva el doctor Trevexo! –exclamó don Juan.

-¡Viva! –exclamaron los demás circunstantes, incluso mi tía, Medea, que transpiraba de entusiasmo.

-¿Por quién vota usted, señor don Pancho, para primer candidato de la lista?

-Por mi venerado jefe, don Buenaventura.

-¡Y yo también! –dijo don Policarpio Amador, antes de que le tocara votar.

-¡Y yo! –exclamó don Tobías Labano con la misma anticipación.

-¡Por el mismo! –gritó, sin esperar que le preguntasen nada, don Pancho.

-Por don Buenaventura –agregó don Narciso Bringas.

-Ramón también vota por él, doctor Trevexo –dijo mi tía-; apunte doctor, el voto de Ramón; y si ustedes me permiten votar a mí, yo…

-Vote usted, señora, vote usted mil veces; la más poderosa válvula política de nuestro partido es la mujer. Los hombres y las mujeres coexistimos en la plaza pública. Vote usted, señora, imite usted a las matronas espartanas que se arremangaban las túnicas y declamaban en el ágora.

-Mil votos por mi general”. [3]

 

[1] Expositor en el Taller “Derechos Humanos y Construcción de Ciudadanía para personas y Dirigentes vinculados al tema de la Discapacidad”. OPPRAC. Colegio de Profesores. Punta Arenas, Chile. 8 horas reloj. (2006). 

[2] Freud, Sigmund. El chiste y su relación con lo inconsciente. Biblioteca Nueva. Tercera edición. Tomo I. Página 1085. Madrid, España. 1973.

[3] López, Lucio Vicente. La gran aldea. Costumbres bonaerenses. Centro Editor de América Latina. Página 32. Buenos Aires, Argentina. Enero de 1980.

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