Lunes 19 de Octubre de 2020

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OPINIÓN

15 de octubre de 2017

Apuntes Ciudadanos: ESPONTANEIDAD ARREGLADA

Alejandro Rojo Vivot (1) sigue con sus columnas donde el humor es una herramienta de todos los días, tal vez en cada acción cotidiana. HUMOR, POLÍTICA Y AFINES XCI

FOTO: ARV TAPA REVISTA CARAS Y CARETAS, BUENOS AIRES, 6 DE FEBRERO DE 1904

 

“La compasión ahorrada es una de las más generosas fuentes del placer humorístico”. [2]

 

Sigmund Freud (1856-1939)

 

Cuando lo expresado humorísticamente es rayano con lo habitual, es necesaria una mayor cuota de atención, pues parte de la gracia es la contradicción que se manifiesta como quien no quiere la cosa.

En esos casos, la solemnidad contribuye a la generación del humor.

“-¡Y qué versos! –agregó mi tío Ramón lleno de buena fe, con el ánimo de cooperar al elogio.

-¡No!, los versos no han sido nunca gran cosa –contestó el doctor con impaciencia.

-¡Oh!, perdone, doctor, y ¿El matrero y el Mendigo? –agregó mi tía.

-¡Psch!, así, así… ¡No!, los versos no son su fuerte. Pero los discursos, las proclamas; aquel discurso contra los ministros de Urquiza…

-¡Ah, sí!, cuando les ofrecía echar las puertas de los ministerios a cañonazos a aquellos bandidos –rompió mi tía electrizada.

-Eso es, eso es, y aquella proclama al pueblo de Buenos Aires: ʻOs devuelvo intactas…ʼ.

-No, intactas no; la proclama decía ʻcasi intactasʼ.

-Bueno, es lo mismo. ¡Qué bellas frases, qué verdades de a puño! ¡Ah, qué tiempos, doctor! Esos eran tiempos de entusiasmo. Sí, cada vez que me acuerdo de lo que era Buenos Aires el año pasado no más, me convenzo de que las porteñas ya no somos lo que éramos; ¡qué unión! ¿Quién se atrevía a hablar en contra nuestra? No había sido un hombre, un solo hombre y ese hombre era él.

-¿Y se acuerda usted de la discusión del acuerdo, [3] doctor?

-¡Cómo no, misia Medea!

-Entonces, sí, había decisión popular; las injurias y denuestos que vomitaron los enemigos de Buenos Aires, ¡aquellos bandidos!, las pagaron caras. ¡Qué barra, qué barra lucida y resuelta; cómo silbaba a los traidores y cómo aplaudía a aquellos patriotas!”. (…)

-Señores dijo el doctor Trevexo-, ya estamos en quórum y es menester que comencemos. ¿Quiere usted presidir, señor don Ramón? (…)

-Doctor, si yo no tengo el hábito de estas cosas… No me es posible…

-Presida usted, entonces, doctor  Trevexo –dijo el señor gordo-. ¿No le parece a usted, señor don Juan? –agregó dirigiéndose al caballero flaco y alto que había entrado con él.

Este hizo una solemne inclinación de cabeza que significaba un signo de aprobación, y volvió a levantar su cara chata a tanta altura, que pude verle las ventanas de la nariz en toda su siniestra lobreguez.

-Bien, que presida el doctor Trevexo –agregaron varios concurrentes.

El protagonista de aquella reunión política no se hizo rogar más. El asiento central del sofá del salón fue desalojado para el presidente. Este se sentó, sacó del bolsillo inferior de su levita unos papeles, los desdobló y los puso sobre sus rodillas; se sonó en seguida, estruendosamente, la nariz por dos o tres veces, dobló su pañuelo con una sola mano alrededor del puño y lo depositó en su bolsillo, como un hombre habituado a todas esas añagazas y posturas preliminares de los discursos”. [4]

 

 

[1] Expositor en “Talleres sobre Cartas Orgánicas”. Municipalidad de Río Gallegos, Asociación Ambiente Sur y Fundación AVINA. 30 horas reloj. Río Gallegos, Provincia de Santa Cruz, Argentina. (2008). 

[2] Freud, Sigmund. El chiste y su relación con lo inconsciente. Biblioteca Nueva. Tercera edición. Tomo I. Página 1163. Madrid, España. 1973.

[3] Junio de 1852: “Acuerdo de San Nicolás”. Bartolomé Mitre Martínez (1821-1906), en esa ocasión expresó: “He pasado mi vida en los campamentos y mi oficio es echar abajo a cañonazos las puertas por donde se entran a los ministerios”.

[4] López, Lucio Vicente. La gran aldea. Costumbres bonaerenses. Centro Editor de América Latina. Páginas 25, 27 y 28. Buenos Aires, Argentina. Enero de 1980.

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