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OPINIÓN

20 de mayo de 2018

Apuntes Ciudadanos: LA BULLA DEMOCRÁTICA

En esta columna, Alejandro Rojo Vivot (1), nos acerca como desde la literatura se puede abordar con humor procesos políticos de la época en todos los tiempos. HUMOR, POLÍTICA Y AFINES CXXII.

FOTO:  ARV. REVISTA FRAY MOCHO. BUENOS AIRES, 6 DE SEPTIEMBRE DE 1921

 

 

“El humor es la menos complicada de todas las especies de lo cómico. Su proceso se realiza en una sola persona y la participación de otra no añade a él nada nuevo. Nada hay tampoco que nos impulse a comunicar el placer humorístico que en nosotros ha surgido y podamos gozar de él aisladamente. Es harto difícil descubrir lo que se realiza en el sujeto durante la génesis del placer humorístico, pero podemos aproximarnos algo al conocimiento de este proceso cuando alguna persona nos comunica un caso propio, y al comprenderlo experimentamos el mismo placer que antes a ella le produjo”. [2]

 

Sigmund Freud (1856-1939)

 

Por lo menos en Italia, el Partido Comunista (1921-1986) fue parte del proceso internacional promovido en parte por el gobierno ruso encabezado por Vladímir Ilich Uliánov (Lenin) (1870-1924) y la Democracia Cristiana (1943-1994) impulsado mundialmente por el Estado Vaticano, alcanzando ambos un gran desarrollo electoral.

Fueron los dos grandes rivales democráticos en la reconstrucción luego de la guerra en la que muchos de sus líderes participaron activamente de los avances fascistas.

Esa puja también sucedió en los pequeños pueblos itálicos, que muy bien la describió humorísticamente el reconocido italiano Giovannino Oliviero Giuseppe Guareschi, (1908-1968), iniciando en tal sentido sus magistrales escritos publicados a partir de 1948.

“Las campanas callaron y el orador volvió a hablar. Todo marchó bien mientras no soltó algo que no fue del gusto de don Camilo. Porque apenas lo hizo, inmediatamente don Camilo le retrucó con campanas. Y luego dejó de repicar, y luego repicó de nuevo, y así siguió la polémica hasta el latiguillo final, que por ser una simple peroración patética y patriótica, fue respetada por el campanero censor.

Al atardecer, Pepón encontró a don Camilo.

-Cuidado, don Camilo, que a fuerza de provocar acabará mal.

-Ninguna provocación –contestó calmosamente don Camilo-. Ustedes hacen sonar sus trompetas y nosotros hacemos sonar nuestras campanas. [3] Esto es la democracia, compañero. Si en cambio ha de serle permitido sonar a uno solo, eso es dictadura.

Pepón no contestó, pero una mañana don Camilo vio emplazados delante de la iglesia, a medio metro de la línea que dividía el atrio de la plaza, una calesita, un columpio, tres tiros al blanco, una montañita rusa, una pista eléctrica, el ʻmuro de la muerteʼ y un número indeterminado de otras barracas de feria.

El empresario de ese parque de diversiones le hizo ver el permiso firmado por el alcalde y don Camilo se limitó a recogerse en el rectoral. Esa misma tarde empezó el infierno: organitos, altoparlantes, estampidos, grito, cantos, campanillas, silbidos, bramidos, mugidos.

Don Camilo fue a protestar ante el Cristo.

-Esto es una falta de respeto a la casa de Dios –exclamó.

-¿Hay algo inmoral, de escandaloso? –se informó el Cristo.

-No; calesitas, columpios, pequeños automóviles, cosas más bien para niños.

-Entonces esto es simplemente democracia.

-¿Y esta maldita bulla? –preguntó don Camilo.

-También la bulla es democracia, mientras se mantenga dentro de la legalidad. Más allá del atrio manda el alcalde, hijo mío”. [4]

 

[1] Expositor en el “Taller sobre Ciudadanía”. AVINA. Frutillar, Chile. 12 horas reloj. (2009). 

[2] Freud, Sigmund. El chiste y su relación con lo inconsciente. Biblioteca Nueva. Tercera edición. Tomo I. Páginas 1162 y 1163. Madrid, España. 1973.

[3] Expresión de rebeldía cuando se está en desventaja frente a un poderoso, que se remonta a fines del siglo XV.

[4] Guareschi, Giovanni. Don Camilo. Un mundo pequeño. Editorial Guillermo Kraft. Segunda edición. Páginas 94 y 95. Buenos Aires, Argentina. Abril de 1952.

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